Es en el momento de la fecundación cuando, se inicia, el proceso que nos convertirá en hombres y mujeres; y es allí también, en el encuentro del óvulo y el espermatozoide, donde se transmiten miles de años de información genética que hacen a la especificidad humana.
Desde el nacimiento las necesidades básicas de alimentación, higiene y afecto requieren de un entorno cálido y protector, que es brindado en primer lugar por los padres, particularmente por la madre, y es en este momento que se construye el primer vinculo afectivo con el bebé llamado “apego” que lo inicia en la vida de relaciones.
Que sea niño o niña, depende de dos células, que se encuentran en el momento de la fecundación: una es el espermatozoide, que puede ser X o Y, y la otra el óvulo, que es siempre X.
Es la unión de esas células la que define el sexo genético y determina el desarrollo ulterior - será XX para una mujer y XY para un varón-.
El programa genético que trasmiten condicionará a las gónadas indiferenciadas del primer momento, a su destino final de ovarios o testículos, y sus secreciones hormonales concretaran la diferenciación definiendo los genitales externos (pene/testículos o vulva/vagina).
En el momento del parto, quién nos recibe dice “nena” o “varón”, y nos asigna un sexo, que condicionará los primeros contactos y las pautas culturales que completarán el desarrollo de la sexualidad, y determinarán el modo diferente de ser y estar en el mundo.
Así, tendremos un sexo y una identidad sexual, que nos permitirán como hombres o mujeres, comunicarnos, relacionarnos y establecer vínculos con los demás: padres, hijos, amigos, parejas.
Los primeros contactos, y experiencias influirán en forma positiva o negativa en las posibilidades de crecimiento y desarrollo de nuestras potencialidades, preparándonos para el placer, y también para tolerar las frustraciones.
De modo que será la familia influida por su cultura, con sus creencias, sus valores, su ideología, y su historia la que nos trasmitirá el modo de comportamiento sexual humano femenino o masculino.
Expectativas, actitudes distintas para cada sexo :¡será fuerte, activo, competitivo y celeste para los varones! o será buena , dulce solidaria …y rosa para las nenas! , nombres y juegos , pelotas o muñecas , tono de voz y formas de trato distinto con unas o otros, van condicionando, modelando las diferencias, que generalmente tienden a verse como innatas y naturales entre mujeres y varones, y son las denominadas diferencias de género.
Dice Giddens:“El género alude a las diferencias psicológicas, sociales, culturales entre los hombres y las mujeres”.
Que es la sexualidad?
Y hay muchas formas de pensar, definir, y vivir la sexualidad; seguramente cada uno de nosotros tiene “su” manera especial de sentirla y manifestarla, La sexualidad tiene que ver con nuestra manera de “ser” con nosotros mismos y con los otros. Es algo que resulta complejo y a veces difícil de explicar porque lo tomamos como natural y dado, sin embargo está íntimamente vinculado con las primeras experiencias infantiles y nos acompañará durante toda la vida.
La forma de comunicamos y expresarnos a través del cuerpo, los sentimientos, las emociones, la necesidad de contacto físico, el cuidado, el respeto, la intimidad, la reproducción, el placer, la aceptación de las diferencias son las manifestaciones de la sexualidad, que varían y se expresan de acuerdo a nuestra edad.
Que es “el apego”? por qué es importante?
Liliana Pauluzzi lo define:
“El apego es la fuerza biológica, la comunicación material y el vínculo sensorial que crea el sentimiento de familiaridad de la criatura con su entorno. El vinculo de apego que requiere todo recién nacido tiene una importancia fundamental en la vida, es sinónimo de supervivencia.”
Es lo que produce los lazos invisibles que crean vivencias de familiaridad y sentimientos de pertenencia a la familia.
El “apego “ hace que los bebés se sientan aceptados y en confianza, lo interiorizan como una fuente de seguridad que les permitirá más adelante llegar a ser personas capaces de vincularse y aprender en la relación con los demás, a desarrollar la empatía , a controlar sus impulsos, reconocer sus deseos y disfrutar de la capacidad de dar y recibir afecto.
Los seres humanos llegamos al mundo sin autonomía, necesitados de los adultos para sobrevivir, absolutamente indefensos y dependientes, la única herramienta de comunicación, la única manera de expresar las necesidades, es, en los primeros días el llanto. Las madres y padres vamos aprendiendo a decodificar las necesidades del bebé: tiene hambre, es frío, necesita mimos, quiere estar en brazos, se quiere dormir, está sucio, le duele algo…. Es el proceso de integración a la vida humana, a la vida con otros.
El bebé experimentara placer y se sentirá seguro emocionalmente , si tiene una madre que lo alimenta, lo mira y acaricia que a su vez se sentirá gratificada y conmovida cuando sus miradas se encuentran, o aparecen las primeras sonrisas y estiran sus manitos para acariciar. El vínculo se hace más fuerte, y se ha establecido.
Cuando estas experiencias no se producen, y las necesidades se alimentación, higiene y afecto no son satisfechas y atendidas se generaran en el futuro conductas inadaptadas, dificultades en la comunicación, en el contacto corporal, imposibilidad de dar y recibir afecto, reacciones violentas, etc. pues siempre estará la búsqueda inconciente de algo que no existió.
Un “apego” sano, nos dice Barudy, es un factor preventivo de diferentes formas de maltrato. Este proceso relacional, para el bebé es sensorial durante la vida intrauterina (reconocimiento del olor, la voz, el tacto de los padres) después del nacimiento rápidamente se impregna con la reacción afectiva de los adultos, que puede ser positiva o negativa según el contexto y la experiencias de vida (sobre todo infantiles) de la madre y secundariamente del padre u otros cuidadores.
La presencia del padre es también importante: ha de sostener y acompañar a la madre, y participar activamente de los cuidados del bebé. Los olores, la voz, la forma de expresar ternura, y también enojo, son distintos.
Las experiencias placenteras, gratificantes o traumáticas van quedando grabadas en la mente y cuerpito infantil y se manifestarán en las relaciones posteriores, en la posibilidad de disfrutar del placer corporal y compartir la intimidad.
El tocar y ser tocado son las bases para la intimidad física y afectiva. El despertar de múltiples sensaciones se configura en el contacto a través de la alimentación, la higiene, las caricias, los sonidos, los olores.
Que pasa cuando esto no sucede?
Cuando en estos primeros años en lugar de afecto y cuidados lo que aparece son agresiones, violencia, maltrato, abusos, negligencia estas capacidades quedan alteradas, y quedaran, grabadas también, para generar displacer, malestar, que se manifestarán, darán síntomas, a través de enfermedades físicas o sico-emocionales
“Solo la experiencia de ser querido y apreciado – nos dice Alice Miller – permite al niño y a la niña identificar la crueldad como tal, percibirla y rebelarse contra ella. Sin esa experiencia, le es imposible saber que en el mundo pueden existir otras cosas además de la crueldad”
Aprenden a conocerse!
El placer genital está presente desde el nacimiento, los nenes tienen erecciones y las nenas secreciones corporales. Les gusta reconocer y explorar su cuerpo, se miran las manos, se tocan los pies y un día también encuentran, reconocen y acarician sus genitales van conformando su esquema corporal.
A medida que crecen sus modos de expresión van cambiando: risas, gritos, palabras, muestras de afecto, alegría, berrinches. Aprenden así a compartir la mamá con el padre y los hermanos, también aprenden de frustraciones, celos y competencia, van madurando y creciendo. Van incorporando otras vivencias e imágenes de cómo son las mujeres, los varones, las parejas., como es el comportamiento de las personas que los rodean, si hay afecto y comunicación o falta de diálogo y violencia. Todo queda registrado.
Los pequeños y pequeñas necesitan ser impulsados, incitados a explorar el mundo exterior, tocar, ensuciarse con agua o barro, comer solos y con las manos, para poder ser cada día más independientes y lograr autonomía.
El control de esfínteres
Entre los dos y tres años, y sin que los presionemos, comienzan a controlar esfínteres. Los avances son progresivos, no hay apuro, este proceso lleva tiempo y lograrán dominarlo cuando tengan la madurez suficiente. Este aprendizaje está relacionado directamente con la zona genital y el goce.
Cuando los padres tratan de educar este control, sin que se haya adquirido y establecido la capacidad fisiológica para lograrlo, y se enojan llamándolos sucios o cochinos, porque los pequeños se ensucian cuando se les escapa el pis o la caca, lo que producen es el establecimiento de una asociación negativa entre genitalidad y suciedad, que los niños interiorizan creando una mala aceptación de esas partes del cuerpo tan ligadas a la sexualidad.
Lo mismo ocurre cuando son castigados o censurados por tocarse, por jugar con sus genitales, conducta que forma parte del descubrimiento del cuerpo, que les produce agrado y constituye una etapa absolutamente normal de su desarrollo.
El control de esfínteres, tiene avances y retrocesos, no hay que preocuparse; ante algunos acontecimientos como nacimiento de hermanos, mudanzas, enfermedades, perdidas de familiares, o de una mascota, o algo que imprevistamente los angustia vuelven a mojar la cama. Cuando esto se prolonga o aparece después de los cinco o seis años, y se hacen pis o no controlan su materia fecal, seria bueno hacer una consulta pediátrica para recibir orientación.
Es adecuado acompañarlos con estímulos positivos como: “que bien, lo lograste” o “la próxima vez llegaras al baño”; no hacen falta reforzar con recompensas ni castigos, para que este aprendizaje se logre de manera natural y sin exigencias.
En esta etapa cargada de significados emocionales, empiezan a decidir y a sentir satisfacción por retener o expulsar su pis y su caca, buscan espacios de intimidad para hacerlo, porque aparece el pudor, “el limite entre lo que quieren mostrar o ver”, y esto debe ser absolutamente respetado porque les da seguridad, al tiempo que van aprendiendo a valorar su cuerpo, e identificar cuando son invadidos o cuando no son respetados.
Comienzan las preguntas!
A los dos o tres años aparece la curiosidad con respecto a las diferencias corporales, miran, acarician, exploran a través del juego, observan e imitan a los adultos, les intriga su origen. Como ya pueden expresarse, preguntan ¿y esto qué es? por qué las mujeres tienen tetas? por qué él tiene pito? por que ella tiene agujerito?….
Las diferencias anatómicas entre los sexos son las que crean los mayores interrogantes, es importante, escuchar, responder en forma sencilla y natural, a veces adelantarse con alguna explicación cuando den muestras de curiosidad, por ejemplo cuando quieren vernos en el baño, o miran una pareja besarse, miran los genitales diferentes de otro niño o niña, juegan roles diferentes, o ven escenas en TV.
Este diálogo que se inicia abre al camino para que confíen y puedan seguir preguntando a medida que crecen. Los mismos temas salen una y otra vez de distinta manera, van interiorizando los conceptos, preguntan y repreguntan, lo importante es estar disponibles para responder sus inquietudes. También es posible, y es bueno poder tomarse tiempo y permiso para elaborar la respuesta, y retomar el tema cuando nos sentimos seguros de responder.
Estamos creando el clima, sentado las bases para el diálogo, para la comunicación, para que disfruten su sexualidad de manera placentera y gratificante, quererse y cuidarse física y emocionalmente.
Al respecto, Liliana Pauluzzi en su texto “Incansables buscadores de afecto” dice “Cuando su demanda no es satisfecha se va llenando con lo que pueden, con lo que encuentran y así arman sus teorías infantiles, que siempre están en relación con lo que el entorno les brinda”.
En los tres primeros años de vida, vamos modelando la sexualidad y estamos educando sexualmente, con nuestras actitudes corporales, con nuestros comportamientos, con el afecto, con las prohibiciones, con las valoraciones positivas o negativas acerca del placer, del disfrute de los sentidos, con lo que se dice y lo que no, con lo que se ve y percibe en la relaciones del entorno.
La educación sexual es una educación para la vida, y está presente siempre, aunque no la pensemos, ni le pongamos palabras. |