Educación Sexual Integral para decidir
Comprehensive Sexuality Education to decide.
Artículo de Revisión
Lic. María Eugenia Otero.1
Resumen:
Esta revisión tiene como objetivo analizar qué aportes realiza la Educación Sexual Integral (ESI) a las prácticas de las y los profesionales que trabajan con niñeces y adolescencias, fundamentalmente en relación a la construcción de autonomía para la toma de decisiones. El artículo destaca el rol crítico de la ESI en la detección de violencia y su importancia como herramienta para tomar decisiones informadas sobre los cuerpos y los proyectos de vida. Se subraya la necesidad de articular redes profesionales y revisar los prejuicios y mandatos de las y los profesionales para garantizar derechos.
Palabras clave: niñez, adolescencia, Educación Sexual Integral, derechos, decisiones.
Abstract: This material aims to analyze the contributions of Comprehensive Sexual Education (ESI) to the practices of professionals working with children and adolescents, primarily concerning the construction of autonomy for decision-making. The article focused on the critical role of ESI in the detection of early violence and its importance as a tool for making informed decisions about bodies and life projects. It emphasizes the need to coordinate professional networks and review the prejudices and mandates of professionals to guarantee rights.
Keywords: children, adolescents, Comprehensive Sexual Education, rights, decision-making.
Introducción
Siempre hemos tenido educación sexual. Mucho antes de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI). No solo en la escuela, también en la familia y en todos los espacios donde se desarrolla nuestra vida. A través de aprendizajes explícitos e implícitos, hemos internalizado mandatos y representaciones ligados al cuerpo y la sexualidad, y se nos han alentado o prohibido comportamientos de acuerdo a nuestro sexo asignado. Nuestros cuerpos, identidades y sexualidades han sido disciplinados según las normas de género y los criterios de normalidad establecidos socialmente. Estas formas de “adoctrinamiento” siempre ocurrieron de forma visible pero también casi imperceptiblemente escurriéndose en todos los huecos de la vida cotidiana.1 El silencio y el tabú acerca de la sexualidad la convertían en algo malo que debía ocultarse. Cuando se abordaba en la escuela, aparecía como peligrosa, desde un modelo biologicista que se centraba en la prevención y en la anatomía de la reproducción, o asociada al matrimonio heterosexual con fines reproductivos, desde un modelo moralizante que transmitía valores morales y religiosos.
Fue a partir de la insistencia del movimiento de mujeres y los feminismos y la lucha de las organizaciones LGBTIQ+ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Transexuales, Transgéneros, Intersexuales, Queer y más) por la ampliación de derechos que se fue instalando la necesidad de que la sexualidad estuviera presente en la escuela desde un enfoque superador.
El 4 de octubre de 2006 se sancionó la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI) que reconoce el derecho de niñas, niños y adolescentes de todas las escuelas del país (privadas o estatales, confesionales o laicas, de nivel inicial, primario, secundario y de educación superior) a la Educación Sexual con una mirada integral, que implica la articulación de aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos.2
Hoy, la ESI recibe ataques cada vez más feroces por parte de sectores conservadores y anti-derechos. Tanto a nivel nacional como en algunas provincias del país, se intentan imponer otras perspectivas. En la última década tomó gran impulso la Educación Emocional. Varias provincias han sancionado leyes que la incorporan a la currícula educativa. Esta forma de trabajo ofrece “recetas” para controlar y gestionar las emociones entendidas como experiencias individuales y desvinculadas del contexto social. Su enfoque es muy diferente al de la ESI, que propone albergar las emociones; además respetarlas, escuchar y reflexionar acerca de las condiciones de producción de esas emociones en un contexto social atravesado por estructuras de poder.3
A pesar de que la ley está vigente y la implementación de la ESI continúa siendo una obligación del Estado Nacional y de los Estados Provinciales, nos encontramos ante “un vaciamiento pedagógico del sentido de la Ley y un avance de ideas y discursos que distorsionan y denigran su perspectiva. Una ley fuertemente amenazada por las distorsiones hacia la ‘educación emocional’ y por los intentos, después de desmantelar el Plan de Prevención del Embarazo no intencional en la Adolescencia (ENIA), de retroceder hasta la ‘abstinencia’ en los métodos anticonceptivos”.4
Además de desfinanciar el Programa Nacional de ESI y de la inacción de políticas públicas en esta área, el gobierno nacional avanza en sentido contrario. En 2024, el Ministerio de Capital Humano contrató para la capacitación de docentes en ESI a una ONG chilena que promueve la abstinencia sexual para prevenir embarazos en adolescentes.5
Aunque son muy pocas las iniciativas serias en torno a la ESI por parte de gobiernos provinciales y jurisdiccionales, y a pesar de que no hay ningún apoyo a nivel nacional, miles de docentes y directivas/os de instituciones educativas de todo el país sostienen su compromiso con esta política pública que mejora la calidad de vida de niñas/os, adolescentes y jóvenes.
Si bien las instituciones educativas son el ámbito de aplicación específico de la ESI, su implementación implica un abordaje transversal e integral que en muchas ocasiones requiere de otros actores y actrices de la comunidad. A su vez, trabaja sobre derechos que deben garantizarse en el marco de la corresponsabilidad. Por eso, quienes sostienen la ESI en las instituciones han construido también, con perseverancia y compromiso, redes formales e informales en los territorios con profesionales de la salud y la justicia, y con organizaciones de la sociedad civil. Gracias a ello, este recorrido de 19 años de historia de la ESI ha dejado aprendizajes y capacidades instaladas en los diferentes sectores involucrados. Los enfoques y perspectivas que propone se han convertido en valiosos aportes a las prácticas de muchos/as profesionales, entre ellos/as los equipos de salud.
Objetivo
Esta revisión tiene como objetivo analizar qué aportes realiza la Educación Sexual Integral a las prácticas de las y los profesionales que trabajan con niñeces y adolescencias, fundamentalmente en relación a la construcción de autonomía para la toma de decisiones.
Enfoques y perspectivas de la ESI
Enfoque significa hacer foco. ¿Dónde hacemos foco desde la Educación Sexual Integral? En el ejercicio de los derechos; en las emociones y los afectos, los vínculos y los proyectos de vida; en la salud integral; en el cuerpo como soporte real de nuestra identidad en relación con las otras personas y con el mundo. La perspectiva tiene que ver con el punto de vista desde el que consideramos o analizamos la realidad. Cuando hacemos foco, ¿desde dónde miramos? ¿qué miramos? ¿cómo miramos?
La ESI nos permite pensar las realidades de niñas/os, adolescentes y jóvenes desde una mirada crítica. La perspectiva de género y diversidades y la interseccionalidad son herramientas para visibilizar las desigualdades. Posibilitan detener las violencias que recaen especialmente sobre las personas más vulnerables y obstaculizan el acceso a la salud y el ejercicio de sus derechos.
La ESI habilita a niñas, niños y adolescentes a reflexionar sobre sí mismas/os y sobre sus sentimientos y emociones, conocer el propio cuerpo, tener información confiable para prevenir infecciones de transmisión sexual y embarazos no intencionales y acceder a la salud integral. También les aporta herramientas para construir autonomía y para decir que no, decidir sin coerciones y sostener vínculos sanos desde el respeto y el cuidado por las otras personas y por sí mismos. A su vez, da lugar a identificar abusos y violencias. La ESI permite aprender a poner en palabras y pedir ayuda para poder contar con personas adultas, docentes y profesionales que les cuiden y protejan.
La Educación Sexual Integral (ESI) es una herramienta fundamental para decidir. Proporciona conocimientos y herramientas para tomar decisiones presentes y/o futuras acerca del cuerpo, los vínculos y el proyecto de vida.
Niñas/os, adolescentes y jóvenes deciden en muchas circunstancias de sus vidas. ¿Cómo les acompañamos?, ¿qué necesitan para ello? Ensayamos algunas respuestas posibles, que no serán definitivas ni concluyentes sino aproximaciones, para luego pensar caso a caso y de manera situada.
Para tomar decisiones autónomas es necesario: registrar las propias necesidades y deseos, construir confianza y autonomía, tener una mirada crítica sobre la realidad y contar con herramientas como la información confiable. Son indispensables los vínculos, redes y apoyos, con pares y personas adultas. Por eso es importante revisar el posicionamiento de docentes y profesionales de la salud en relación a las niñeces y adolescencias, para poder sostener un enfoque de derechos que permita garantizarlos.
Contar con Información confiable
Algunos años luego de su sanción, la ESI tuvo un rol protagónico en los históricos debates públicos que se dieron en nuestro país a partir de las movilizaciones por el “Ni una Menos” y, más tarde, con la “marea verde” que reclamaba por la Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo. Rápidamente se hizo visible un feroz contraataque anti derechos por parte de las derechas religiosas organizadas a nivel mundial, que declararon la guerra contra la “ideología de género”. Pretenden conseguir el retroceso de avances y transformaciones que se fueron dando en relación al género, las sexualidades y los derechos sexuales y reproductivos. También pusieron en agenda el cuestionamiento a la ESI. Para lograr consensos, se basan en tergiversaciones y noticias falsas. Apuntan a sembrar el miedo en padres y educadores hablando de “exponer a niños y adolescentes a imágenes sexuales y enseñar conductas que no son apropiadas para su edad”, acusando de pedofilia y hasta de niños “en el jardín de infantes encadenados y bañados en vaselina”. 6
En este momento particular en que resulta necesario contrarrestar esas voces y discursos que distorsionan los fundamentos y los propósitos de la Educación Sexual Integral, es importante señalar que los contenidos de la ESI están expresados en instrumentos como los lineamientos curriculares, que contienen acuerdos y consensos que fueron resultado de trabajo e intercambios con expertos/as, representantes de comunidades religiosas, equipos técnicos jurisdiccionales, organismos de Derechos Humanos, etc. Este documento y otros posteriores fueron aprobados por el Consejo Federal de Educación.7 Definen propósitos formativos, aprendizajes básicos sugeridos y Núcleos de Aprendizaje Prioritarios para cada nivel educativo, y se elaboraron a partir de la experiencia y el análisis de las necesidades de niñas/os y adolescentes en cada nivel, lo que garantiza que no son inadecuados ni prematuros en ningún caso.
Es fundamental dar batalla contra los falsos conceptos y también contra los intentos de retroceder hacia enfoques moralizantes, biologicistas, o imponer nuevas perspectivas peligrosas.
Desde esa convicción, nos preguntamos si la información confiable, científicamente validada y actualizada llega a las aulas, mientras sí lo hacen sin dudas conocimientos erróneos que circulan en redes, estudios falsos que se viralizan, informaciones de baja calidad, noticias falsas, incluso datos generados a través de IA. Entendemos que también se accede a datos ciertos, pero cuando las/os docentes carecen de información suficiente no hay mediación pedagógica que ayude a comprenderlos y procesarlos.
Desde el Postítulo Especialización en Educación Sexual Integral, a partir de la experiencia de formación de docentes y profesiones desde 2009 en un profesorado público y gratuito de CABA (el Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González), advertimos, por ejemplo, que la información sobre anticoncepción que tienen las/os docentes comprometidas/os con la ESI no siempre es correcta, y algunas veces es insuficiente. La inmensa mayoría cree que el preservativo es un método altamente efectivo para evitar el embarazo y algunas/os lo señalan como el único método anticonceptivo adecuado para adolescentes. Una parte importante reproduce ideas erróneas acerca de la anticoncepción hormonal de emergencia (AHE): que puede provocar daños a la salud por tener una alta carga de hormonas y que no puede ser utilizada más de dos veces por año. Estos mitos se han extendido a lo largo de los años, son alimentados por quienes siempre están en contra del derecho al placer y de la autonomía para decidir y permean en materiales y capacitaciones para docentes.
“´Profe… el viernes a la noche se nos rompió el preservativo, ¿estoy a tiempo de tomar la pastilla si la consigo?´ Nos mordemos los labios cuando escuchamos esta frase, porque si se utiliza AHE en las primeras 12 horas después de la relación sexual sin protección, la posibilidad de que se produzca un embarazo es ínfima”.8 Por eso es estratégico que la información y las pastillas estén disponibles en todos los lugares donde circulan adolescentes y jóvenes.9 También necesitamos que esté allí la información sobre anticoncepción, la prevención de violencias, embarazos no intencionales, infecciones de transmisión sexual, el acceso a interrupciones de embarazo, etc.
En este contexto adverso, las redes formales e informales entre la escuela y las/os profesionales de la salud son indispensables. Porque posibilitan la circulación en el espacio escolar de conocimientos científicamente validados y actualizados sobre el cuerpo y su cuidado. Porque los intercambios y los vínculos entre los equipos de salud y la escuela garantizan la protección y la responsabilidad compartida al facilitar el acceso a la atención, los insumos y las prácticas. De ese modo, los saberes se pueden convertir en herramientas de decisión para niños/as y adolescentes.
Registrar las propias necesidades y deseos
Para que niñas/os, adolescentes y jóvenes puedan tomar decisiones tienen que poder registrar qué necesitan y qué quieren. Parece sencillo, pero no lo es. En muchas ocasiones ni siquiera para las personas adultas. A veces, aunque contemos con información actualizada y de calidad, no logramos convertirla en instrumento para la acción porque hay cuestiones de otro orden que pueden operar.10 Se trata de desigualdades de poder, matrices de aprendizaje, expectativas sociales, deseos o temores que pueden no ser conscientes. Por ello resulta necesario discriminar las propias necesidades y deseos de las expectativas y presiones externas, los mandatos y el deber ser. No son las expectativas que mi familia tiene de mí, ni los deseos de mi pareja, ni lo que la sociedad espera, sino lo que yo necesito y quiero para mi vida.
En la Especialización en ESI, durante estos 16 años de formación docente en la materia, hemos realizado cada año un ejercicio para visibilizar los mandatos sociales que pesan sobre las mujeres y sobre los varones, que muchas veces nos determinan fuertemente e inciden en nuestras decisiones. Es notable ver la fuerza que tienen algunas representaciones, que no se modifican con el paso de los años. Algunos ejemplos: quienes no son madres no son verdaderamente mujeres (mujer=madre). Además del mandato de maternidad, reaparece en ese ejercicio, año tras año, la idea del cuerpo femenino como un cuerpo disponible. En el sistema patriarcal, los cuerpos de las mujeres son muchas veces cuerpos de los que apropiarse. En el matrimonio, el cuerpo que debe maternar, en el abuso, que ocurre mayoritariamente dentro de la familia, como objeto y en las relaciones sexo-afectivas, como instrumento para el placer masculino, más que como sujeto de deseo.
Según Mazur, V (2020), los mandatos de género en relación a la maternidad atraviesan todos los sectores sociales. Los roles asignados a las mujeres de cuidados y de realización a través de la maternidad están presentes en los modelos con los que cada una de ellas es socializada, pero esa presión aparece con más fuerza en los sectores sociales que están privados de algunas otras oportunidades como la educación formal avanzada, oportunidades laborales destacadas, etc. Si bien todas las niñas han sido educadas desde muy pequeñas con una muñequita entre sus brazos, para algunas no existieron otras posibilidades más que esas”.11
La escuela, en articulación con otros actores, especialmente del sector de salud, tiene un rol clave y estratégico para generar esas posibilidades más allá de la maternidad como rol indiscutido de las mujeres desde que son niñas.
El respeto y el poder de decisión sobre el propio cuerpo, el autocuidado, la libertad de elegir en los vínculos con otras personas se adquieren trabajando la ESI desde sus diferentes dimensiones: la perspectiva de género, la reflexión sobre los vínculos, el enfoque de derechos, el cuidado del cuerpo y la salud y la valoración de la diversidad.
El trabajo desde la ESI en el nivel inicial permite desarrollar la confianza, la libertad y la seguridad para expresar ideas, opiniones y pedir ayuda, adquirir pautas de cuidado y autoprotección, aprender el concepto de intimidad y cuidado de la intimidad propia y de los/as otros/as, aprender a decir no frente a interacciones inadecuadas con otras personas y no guardar secretos que los hacen sentir incómodos, mal o confundidos.
En el nivel primario, por su parte, se abordan el derecho a la intimidad y el respeto a la intimidad de los/as otros/as, la vulneración de derechos como el abuso sexual, y se abren reflexiones acerca de la masculinidad y la feminidad para visibilizar las desigualdades de género.
En el nivel secundario se trabaja acerca del derecho de las personas a vivir su sexualidad de acuerdo a sus convicciones y preferencias en el marco del respeto por las/os otras/os, las violencias, el acoso, el abuso, el maltrato, la explotación sexual y trata. También, la violencia de género en la adolescencia, el Grooming y las redes sociales y la sexualidad.
Todos estos contenidos apuntan, paulatinamente, a la construcción de autonomía, a la mirada crítica sobre la enorme cantidad de estímulos a los que están expuestas las niñeces y adolescencias, al propio cuidado y al respeto por sí mismas/os y por los demás.
Uno de los mitos que circulan, no inocentemente, en relación a la Educación Sexual, es la creencia de que propicia la iniciación sexual temprana. Esta idea no tiene fundamento y la evidencia, por el contrario, indica que la educación sexual retrasa el inicio de las relaciones sexuales y reduce los embarazos no intencionales.12 La educación sexual integral brinda información, promueve reflexiones acerca del momento propicio para cada quien, de acuerdo a sus necesidades y deseos, trabaja acerca del consentimiento y las decisiones libres de presiones. Por eso, las y los adolescentes que reciben educación sexual integral en general deciden retrasar su inicio sexual y están mejor preparados para prevenir embarazos no intencionales e infecciones de transmisión sexual. Por otra parte, los programas que propician la abstinencia no han probado ser efectivos.13
Desde algunos sectores conservadores plantean que la ESI sexualiza tempranamente a los niños y que se los incita a la transición de género. La ESI no incita ni promueve elecciones o decisiones, sino que escucha sus necesidades y deseos y alberga lo que les sucede. El respeto por la diversidad y el rechazo por todas las formas de discriminación están entre sus propósitos formativos.
Por cierto, en la actualidad, muchas escuelas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires son espacios hostiles para niñas/os, jóvenes y adolescentes travestis y trans. Viven situaciones de violencias, discriminaciones o acoso por parte de docentes, directivas/os/es, o compañeras/os, además de que no siempre se respetan su nombre y pronombre elegidos.14 En las instituciones educativas, al igual que en las de salud y en cualquier otro ámbito, desde los más pequeños gestos se pueden excluir o cobijar a todas/os, y legitimar o censurar deseos y expresiones de la identidad y la sexualidad. Por eso es necesario que las personas adultas reflexionemos sobre las propias matrices de aprendizaje. Que nos preguntemos y pongamos en cuestión nuestras representaciones de mujer, varón, crianza, familia, para acompañar a niñas/os y adolescentes a construir sus propios criterios para tomar decisiones en relación a sus proyectos de vida y no imponer, consciente o inconscientemente, las propias creencias.
Construir confianza y autonomía
La ESI brinda herramientas para la construcción progresiva de autonomía, para que niñas, niños y adolescentes (NNyA) transiten el recorrido de la dependencia de las personas adultas (padres, madres, docentes) a la posibilidad de discernir y decidir -paulatinamente- sobre diferentes aspectos de la vida. Según la perspectiva de la ESI, las personas adultas, desde una posición de respeto por la autonomía de NNyA y de su reconocimiento como sujetos de derecho, acompañamos procesos, cuidamos, protegemos a quienes deben ser escuchadas/os, considerando que pueden elegir y tomar decisiones.
Para poder saber qué está bien y qué está mal, para poder optar y hacerse responsables de las decisiones que toman, necesitan que las personas adultas vayamos dando lugar de modo gradual. Es imprescindible brindar herramientas y confiar. Se trata de romper con la jerarquía adultocéntrica, en la que el mundo adulto sabe con certeza qué hay que hacer en cada momento, para escuchar a niños y adolescentes que plantean sus necesidades.
Esto también implica rechazar la idea de que NNyA son propiedad privada. El paradigma tutelar histórico les consideraba como objeto de protección de madres/ padres y del Estado. La Convención sobre los Derechos del Niño (1990) incorporada a la Constitución Nacional (1994) que les reconoce como sujetos de derechos, ciudadanas/os plenos y capaces de ejercerlos, significó un cambio muy importante: “El niño deja de ser incapaz, inmaduro, incompleto, carente y en ocasiones hasta peligroso, por lo que se lo considera objeto de representación, protección y control de los padres y del Estado, y pasa a ser reconocido como sujeto de derecho, es decir, titular y portador de derechos y atributos que le son inherentes por su condición de persona, y otros, específicamente por su condición de niño”.15
Desde este modelo, que protege los derechos, se imponen deberes al Estado, a padres, madres, profesionales y a la comunidad para garantizar los derechos de NNyA. Se amplía la red de personas que pueden asumir responsabilidades: la familia, personas de confianza, la comunidad y las instituciones y la “patria potestad” es reemplazada por la “responsabilidad parental” (art. 638 Código Civil y Comercial). Las personas adultas ya no controlan y deciden, sino que acompañan y guían desde el respeto por la voluntad de niñas/os y adolescentes.
Vínculos, redes, apoyos
La ESI resalta la importancia de tener vínculos de sostén y redes con pares y personas adultas. Cuando se debilitan o se rompen las redes de relaciones familiares, comunitarias y sociales se configuran situaciones de vulnerabilidad, mucho más en momentos de fragilidad institucional y de precarización de la vida como el actual. Las niñeces y adolescencias necesitan contar con padres, docentes y profesionales en quienes confiar y pedir ayuda cuando es necesario. Que, desde una posición asimétrica, no como pares, brinden protección y escucha y den lugar a la participación de NNyA en los temas que les importan, sin sustituir su voluntad ni tomar decisiones por ellas/os.
Sostenerlos para adquirir autonomía y decidir sobre sus vínculos y su proyecto de vida implica también reflexionar sobre nosotras/os y revisar nuestros supuestos y posicionamientos para poder corrernos de nuestra opinión personal, ya que como docentes o profesionales ponemos en juego lo que pensamos, sentimos y creemos.16
Revisar nuestros modelos y nuestros prejuicios resulta indispensable para intervenir sobre la realidad cuando trabajamos temas ligados a la ESI: por ejemplo, teniendo en cuenta que el 80% de los abusos son cometidos por familiares o personas del entorno, la idea de que la familia es siempre el mejor lugar para un niño o una niña es un obstáculo para tomar medidas de protección y cuidado ante situaciones de abuso intrafamiliar. 17
La escuela es caja de resonancia de violencias y abusos que la niñez padece en otros ámbitos y la ESI tiene un rol clave en la posibilidad de visibilizarlos. Cuando las/os docentes y otros profesionales que trabajan con niñeces establecen vínculos de confianza y tienen herramientas para detectar y acompañar se convierten en una oportunidad de una vida distinta. Por eso, muchos Núcleos de Aprendizaje Prioritarios (NAP) de Educación Sexual Integral están ligados directa o indirectamente al reconocimiento y la prevención del abuso.
Un estudio del Ministerio Público Tutelar (MPT) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) reveló que entre el 70 % y el 80 % de los niños, niñas y adolescentes de entre 12 y 14 años que pasaron por la Sala de Entrevistas Especializada del organismo pudieron comprender que fueron abusados después de recibir clases de Educación Sexual Integral.18 Es decir que cuando se trabajan las violencias sexuales, en muchas ocasiones las NNyA las identifican en sus cuerpos. Pueden decirlo algunas veces, mostrarlo muchas otras. Siempre hay signos, tenemos que contar con la preparación adecuada para advertirlos.
Formando especialistas en Educación Sexual Integral vemos muchas veces que las experiencias ligadas a violencias están “escritas en el cuerpo” y reaparecen en nuestras aulas. “‘Es la primera vez que lo cuento’, suele ser una de las frases más repetidas por las y los estudiantes que en la edad adulta y tras años de silencio, bajo el estigma y la vergüenza que les fueron impuestos, suelen sentirse acompañadas/os y sostenidas/os como para poner en palabras lo traumático”.19
Es justamente poner en palabras lo que permite comenzar el camino de la reparación. Encontrarnos con nuestras propias historias de violencias y desigualdades, compartirlas con otros para que pesen menos, y armarnos de herramientas para detectar, proteger y acompañar nos puede transformar en personas adultas que puedan ser protectoras.
Docentes y profesionales de la salud con enfoque de derechos
Tal como puntualizamos, la responsabilidad de padres, docentes, profesionales de la salud y otras personas adultas desde un enfoque de derechos es brindar herramientas para decidir, sin imponer las propias opiniones. A medida que van desarrollando autonomía, aumentan su capacidad de asumir responsabilidades respecto a sus derechos, y al mismo tiempo van disminuyendo la necesidad de orientación y dirección de las personas adultas que les rodean.20 En relación a la toma de decisiones, la edad no puede obstaculizar o restringir la capacidad de las/os adolescentes.21 Está en nuestras manos brindar información acerca de prácticas de cuidado, proteger ante vulneraciones de derechos, dar acceso a anticoncepción y a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) e Interrupción Legal del Embarazo (ILE) cuando así lo elijan.
Para trabajar con enfoque de derechos es necesario conocer el marco legal y armar redes. Pero también reconocer y revisar las propias representaciones, prejuicios y creencias. Reflexionar acerca de las representaciones hegemónicas de las niñeces; adolescencias y juventudes; los cuerpos, los varones, las mujeres y las diversidades; las personas con discapacidad; las familias y las crianzas resulta un ejercicio ineludible.
Cuando avanzamos en la implementación de la ESI vamos construyendo vínculos y redes en las comunidades, muchas veces con profesionales de la salud, que nos permiten garantizar el acceso a la salud integral, a anticoncepción, a interrupciones de embarazo, etc. En ocasiones, ante vulneraciones de derechos o violencias que se visibilizan a partir del diálogo y de la escucha en el trabajo de los contenidos, recurrimos a esos mismos equipos de salud, a los organismos de protección, incluso a organizaciones de la sociedad civil, para proteger y restituir esos derechos.
La articulación de acciones desde la corresponsabilidad en relación a la garantía de derechos y desde la intersectorialidad produce siempre mejores resultados que las intervenciones individuales. En este sentido, en nuestro país, un ejemplo modelo de política pública fue el Plan de Prevención del Embarazo no intencional en la Adolescencia (Plan ENIA).
Para el ejercicio pleno de los derechos es preciso que la ESI esté presente desde los primeros años de vida brindando conocimientos y posibilitando reflexiones que permitan a niñas/os y adolescentes situarse y tener una mirada crítica. “El incumplimiento de la Ley 26150 afecta las garantías del sistema normativo de género y derechos humanos, tales como la Ley de Prevención Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, la Ley de Matrimonio Igualitario, y la de Identidad de Género, la Ley Micaela o la Ley de IVE, entre otras leyes que requieren de procesos formativos, desde la infancia, para su cumplimiento cabal”.4
Muchas veces para las personas adultas resulta un desafío trabajar con niñas/os y adolescentes. Nos interpelan. Nos sentimos sin instrumentos. Pensamos nuestra práctica profesional pero también es necesario pensar(se), revisar las propias ideas y los prejuicios que muchas veces sostienen estigmas y etiquetas que les ponemos a las personas con las que trabajamos.
En mayor o menor medida, todas las personas reproducimos -y ponemos en juego en nuestra tarea cotidiana- creencias, relaciones de poder y representaciones que fuimos internalizando en nuestros aprendizajes sin ponerlas en cuestión. Esas representaciones hablan de niñeces, juventudes, etnias y colectivos. Dicen que las niñas y niños no pueden tomar decisiones porque no saben, que las personas adultas sabemos qué es lo mejor para ellas/os, que los chicos mienten; que las y los adolescentes son un desastre, no se cuidan y no saben lo que quieren.
En momentos de crisis como el actual, se exageran las diferencias, hay menos tolerancia y se cuestiona a grupos sociales (como las adolescencias y juventudes) y se los culpa de la realidad. Esos grupos aparecen como peligrosos, violentos, promiscuos. En relación a las mujeres, se condena a quienes no responden a los estereotipos de madre y esposa. Hay exigencias sobre la maternidad que jamás alcanzan a los varones que paternan.
Las personas con discapacidad, por su parte, son ubicadas en el lugar de “no poder”, se les sobreprotege, lo que atenta contra sus capacidades ligadas a tener una vida autónoma, vivir la sexualidad, maternar, paternar, etc. Hay concepciones sobre la crianza y sobre la familia (en singular). Preconceptos acerca de algunos grupos o colectivos, que, por sus características, modos de ser o de hacer, reciben prejuicios y discriminación, que a veces se expresan como hostilidad de manera abierta y manifiesta y otras en forma menos evidente, más sutil.
Cuando ejercemos nuestro rol profesional lo hacemos indefectiblemente desde nuestra subjetividad atravesada por prejuicios y creencias, construidos a lo largo de vivencias y aprendizajes. Esos preconceptos muchas veces condicionan nuestra práctica, nuestra mirada y nuestra escucha y resulta necesario revisarlos, para evitar ejercer violencias o discriminación, para no reforzar desigualdades y para albergar de igual manera a todas las personas.
Algunos aportes que surgieron de experiencias y de saberes de organizaciones sociales y colectivos del activismo por los derechos pueden contribuir en la reflexión acerca de nuestros posicionamientos, que se ponen en juego no solo en el trabajo con NNyA sino también en nuestra vida cotidiana.
Consideración final
La ESI es un desafío para quienes trabajamos con niñeces y adolescencias. Trabajar desde sus enfoques y perspectivas permite abrir espacios de reflexión sobre los sentimientos, las emociones, los vínculos. Da lugar a compartir saberes sobre el cuerpo, la salud sexual y reproductiva y la salud integral desde el respeto por el otro como sujeto de derecho. También conlleva la posibilidad de generar encuentros en espacios de confianza, que dan lugar a la escucha amorosa, el cuidado y la protección. La ESI, en la escuela, en un consultorio o en la comunidad, es siempre una oportunidad de hacer del mundo un lugar mejor para todas las personas.
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Psicóloga UBA. Psicóloga Social. Coordinadora del Postítulo Especialización en Educación Sexual Integral del I.S.P. Joaquín V. González. Docente en la Primera Escuela Privada de Psicología Social fundada por Enrique Pichón Rivière. Co-fundadora de La Retaguardia
